
Las Porcinas aventuras de Regulo y Anacleto
Capítulo 1: Regulo Villalpando
Los primeros días que entré a trabajar a Policía de Tránsito todos me daban de zapes y se burlaban de mi. Me pendejeaba toda la raza, en especial el capitán.
Me decía: -¡Regulo! Me cae que eres el pelado más pendejo que mis jodidos ojos han visto, hoy te toca trapear, ni madres que haces rondas-.
-Pero ¿por qué mi capi? Yo quiero salir a patrullear
-Pero no saldrás, tas muy nalga, nunca me traes mi cuota, y eso que te mando a lugares bien cargados de billetes.
Al principio yo no entendía nada de eso de las cuotas. Yo me inscribí a Policía de Tránsito correctamente, digo, como todos le hacen, pagándole 15 mil pesos al capitán. A mi me costaron mucho esos pesitos. Diez años de taxista. Ahorrar está canijo. Digo, en este país que tiene una economía tan jodida es muy difícil que te rinda la lana porque hay muchos gastos. Que las caguamas, que los tequilazos, que El Rancho Loco, que hay otro teibol nuevo, que los cigarros, que juegan Los Tigres, que vamos al congal de “La Huaracha”, que los pañales del bebe, que la despensa con la que tanto me friega mi vieja, que hay que pagar el agua. Lo bueno es que no pago la luz porque me cuelgo del vecino jajaja, el pendejo no se da cuenta. En fin, lo bueno es que tengo una voluntad de acero y luego de hacer grandes sacrificios comprando menos despensa y reciclando los pañales desechables del bebe (descubrí que un buen pañal aguanta hasta cinco usadas) pude en diez años ahorrar mi dinerito. Bueno, también tuve que robar un par de estéreos pero no le hace, lo logré. Aguante muchos gritos de mi vieja:
-¡Puerco cabrón! ¡Dame pa comprar más comida, me gruñe la panza! Faltan pañales, el bebe anda bien rosado, tiene las nalgas escaldadas.-
Y yo: -Sacrificios mi amor, si queremos vivir mejor hay que hacer sacrificios.-
Pero ella no entendía, así que mejor me iba con el compadre Anacleto a darle una visita a “La Huaracha”.
Con el tiempo fui agarrando callo. El capitán un día por fin me ubicó en las zonas escolares. Aprendí que el truco no era detener a los carros que iban rápido sino a los que se veían que eran de gente billetuda. A ésos los mareaba un rato con la ley de vialidad en zonas escolares hasta que les sacaba mis veinte o cincuenta pesillos “pa las cocas”. En un buen día sacaba 2000 pesos. Entendí que el capitán exigía cuotas de lo que uno saca en las rondas, así que le tenía que dar la mitad de lo que ganaba. Poco a poco empecé a ganar más y más y le empecé a caer mejor al capitán.
-¡Muy bien pinche Regulo! Te estás volviendo el oficial más capaz de la fuerza- me dijo con gran excitación el capitán – Tu ya estás listo para que te ubique en la zona de bares y discotecas. Ahí sí te debes de cuajar, serás como un hambriento pececillo en el agua- Y a partir de entonces trabajo en esa zona. Ahora sí que gano lana. El truco es cazar a la bola de huercos borrachos que salen de los antros esos y decirles: - No joven, usted sí se echó varias cheves, orita le voy a traer a la grúa para que se lleven su carro, le va salir en una fortuna pero ni modo, la seguridad suya y la de los ciudadanos es lo más importante, no puede manejar en esas condiciones.- Les digo la misma frase pero de veinte maneras diferentes hasta que por fin veo como la resignación empieza a reflejarse en sus caras y me dicen: -Bueno, ¿cuánto va a ser oficial?-. Cuando eso sucede, cuando finalmente escucho esa frasecilla tintinear en mis oídos, se me acelera el corazón y me cuesta mucho trabajo contener la salivación. Les pido que me pongan el dinero debajo de su licencia de conducir, yo finjo tomar datos y me guardo los dulces billetes en mi bolsillo. Qué felicidad. Me siento tan capaz e importante, porque soy capaz e importante, al contrario de lo que me dice mi vieja: - Eres un puerco mañoso, ganas un lanal y nos tienes igual de jodidos a mí y a tus hijos, te la pasas borracho con tus güilas, a ellas les das todo y a nosotros nada.-
Es una malagradecida. Luego de tanto sacrificio que he hecho y me sale con eso. Por eso prefiero irme con el compadre Anacleto a pistear y a congalear, eso sí es vida, no los gritos de: - ¡Dinero para despensa, dinero para pañales, dinero para las libretas de la escuela!-
Capítulo 2: Anacleto Guadarrama
Soy la persona más chingona de toda la ciudad. Y lo digo porque lo sé. Soy una poderosa autoridad, infundo respeto. Soy el mejor granadero de la Policía. A chingazos me abrí pasos por la vida y por eso soy tan chingón. Antes, cuando jalaba en el negocio de mi padre nomás andaba de mandadero. – Anacleto vete pa allá, Anacleto trae eso para acá, no seas huevón, ponte a jalar huerco marrano, estás todo gordo, ya no tragues tanto- Nunca me apreció, mi viejo me tenía envidia, podía ver mi enorme potencial y por eso para molestarme comenzó a utilizar ese pinche sonido de cerdo cada vez que me hablaba: - oink oink Anacleto, es hora de trabajar, oink oink Anacleto, bájale a las donas-. No soportaba esa vida donde no se me daba el respeto que merecía, así que decidí ingresar a la Policía.
Desde que entré supe que ese trabajo era para mí. Al inicio, me asignaban las zonas más jodidas de la ciudad, llena de pandillas y balazos. Llegábamos en la granadera y nos recibían a pedradas y luego empezaba a escucharse el sonido de las balas. Mis compañeros se asustaban, yo lo podía notar en sus rostros, pero yo no. Yo me imaginaba que cada uno de esos cabrones empistolados eran mi padre, y que todos me decían: Oink oink Anacleto, eres un marrano.- Al hacer eso, una enorme furia se apoderaba de mí y yo terminaba sometiendo a esa bola de truhanes. Con el tiempo, el sargento notó mi enorme capacidad y me reasignó a la zona de la gente rica. Me dijo: -Mira Anacleto, aquí el truco es buscar fiestas de huercos caga-lana, no los golpees, nomás trépalos a la granadera y sácales billetes. De lo que saques, te mochas con la mitad pa mí, sale?- Y yo pos acepté.
Comencé a caerles de sorpresa a las fiestas de esos pinches huercos popis, los trepaba de las greñas a la granadera, les gritaba en su cara asustada, algunos hasta chillaban. Si tenían lana ahí mero los bajaba, si no, me los llevaba a la delegación pa que allá le paguen su salida. Qué risa me da la cara de pendejos que ponen y cuando me preguntan: -¿Pero por qué me arresta oficial?- Me dan ganas de decirles que los trepó por ser pendejos y caga-lanas pero les digo: -Falta Administrativa- Jajaja, falta administrativa, ni sé qué chingados es eso, pero con esas dos palabras jala este negocio. Me gusta mi trabajo, me gusta arrestar pendejitos millonarios, me gusta la billetiza que saco pero lo que más me gusta es el respeto que me tienen, soy una poderosa autoridad.
Es un respeto que me gusta festejarlo con mi compadre Regulo. Juntos pisteamos y él me cuenta de cómo su vieja lo maltrata y yo le digo:-Aprende a mí, yo soy libre como un pájaro, pa qué quiero una vieja, mejor tener muchas, mejor caerle a “La Huaracha”- Yo le enseño a cómo hacerse respetar por su esposa, por sus compañeros. Regulo es muy inteligente porque desde que me conoce él presintió mi enorme autoridad y siempre me ha respetado. Le digo que juntos podemos volvernos los dueños de la ciudad.
Capítulo 3: Plática en el criadero
- Mire cómo fuimos a parar compadre Regulo, todos enlodados y malolientes
- Te dije Anacleto cabrón, que le bajaras a la velocidad, que está lloviendo muy fuerte, que estás muy tomado pero no me hiciste caso. ¡Ay! Creo que me rompí una costilla
- Carajo, ¿Ahora qué voy a hacer? Mira cómo quedó la granadera, toda abollada y con los vidrios rotos.
- Y volcada. ¡Ay mi costilla!
- ¡Y por qué chingados no deja de llover! Mire, estamos rodeados de pinches puercos, nos vinimos a volcar en un jodido criadero de cerdos. ¡Pero que olor a mierda tan duro!
- Pos yo te dije. Te dije que no era bueno agarrar el pedo en la granadera y no mi hiciste caso. Te dije que no persiguiéramos a esos pinches huercos que iban en el Corvette y no me hiciste caso. Te dije: - Ya déjalos ir, ya agarraron carretera y está muy dura la lluvia- Y no me hiciste caso.
-¿Pos qué esperaba compadre? ¿No oyó lo que esos mocosos nos gritaron? Nos gritaron puercos. Nos gritaron que olíamos a tocino.
- Sí oí compadre pero era pa que te aguantaras. Ahora mira cómo acabamos. Rodeados de marranos. Hasta parece chiste.
- Carajo, se me cayeron dos dientes, los de mero adelante, voy a parecer pendejo. ¡Chingado me van a correr del jale! Volqué la pinche granadera estando todo borracho. ¡Y estos pinches marranos arrimados que ya se larguen!
- Pos a usted lo van a correr de su trabajo compadre, pero a mí ya me corrieron de la casa.
- ¿Pero cómo compadre?
- Pos anoche mi vieja me sacó a sartenazos. Yo llegué como casi todas las noches en la madrugada después de echarme mis cervecitas. Entré a la casa y me resbalé con unas canicas que estaban regadas en el suelo. Así que me encabroné y la desperté a gritos y por ahí se me fueron dos que tres cachetadas. Ella se puso a chillar, se enojó y que agarra la sartén y me empieza a surtir a diestra y siniestra: -Cabrón, borracho, puerco, sinvergüenza-. Y me sacó a patadas y caí casi desmayado afuera de la casa.
- No puede ser compadre, qué mal está eso. ¡ Y estos marranos cabrones que no dejan de arrimarse, los voy a gasear si siguen jodiendo!
- Tranquilo compadre, tienen curiosidad, a lo mejor hasta quieren ayudarnos, yo como que ya les estoy agarrando cariño. ¿Usted cree que ellos sepan que estamos en aprietos?
- No sé y me vale madres, yo nomás quiero que me dejen de gruñir en mi oído y restregarme sus pinches narices en el cuello. No me dejan pensar.
- No sé compadre, talvez sea que me pegué muy duro en la cabeza pero de cierta manera siento que estos animalitos nos comprenden y creo que hasta cierto punto yo los comprendo a ellos.
- ¿A los cerdos?
- Sí
- Chingado compadre. Estamos metidos en un lío y usted se pone a amistarse con los puercos.
- ¡Es que mire qué simpáticos son! Ellos no son como mi esposa que me corre de la casa, ni como el capitán que me regaña cuando no junto la cuota que él desea, ni como su padre que tanto lo molesta, ni como la bola de huercos y pandilleros con quienes usted batalla a diario. Los cerdos son amistosos.
- Tiene razón compadre. Este mundo está mal. Hay días en que me levanto y creo que la moralidad ha desaparecido de este planeta. Somos muy pocos los que tenemos la conciencia limpia compadre.
- Y estos cerdos también tienen la conciencia limpia. Míralos, qué despreocupados se ven. Se revuelcan en el fango fresco con tanta libertad que hasta a mí se me antoja.
- Jajá. Ya lo sé. Qué libres se ven. Creo que yo me daré mi revolcadita en el lodo antes de que lleguen las ambulancias compadre. Con permiso.
FIN.